21 marzo 2014

NUEVO LIBRO: LA COLUMNA RELÁMPAGO. AGOSTO DE 1936



Cuando Moisés Domínguez Núñez, Fernando de la Iglesia y yo hicimos las investigaciones para escribir el libro LA MATANZA DE BADAJOZ ANTE LOS MUROS DE LA PROPAGANDA, acumulamos muchos datos que fue imposible publicar en el libro ya que se salía de lo que realmente nos interesaba en aquel momento, como fue, entre otras cosas, demostrar que Jay Allen nunca estuvo en Badajoz y que se inventó prácticamente todo lo que escribió, lo que causó el furor de los “democráticos” y sus amos y, por otro lado, demostrar que en Badajoz pudieron entrar cuantos periodistas quisieron y recogimos las crónicas de más de una veintena de ellos, demostrando que era una gran mentira lo que otros autores habían manifestado en el sentido que en Badajoz sólo habían estado Mario Neves, Marcel Dany y Jacques Berthet, cosa que también llenó de furor a los “democráticos” que no dudaron en tachar del consabido “fascista” a los demás periodistas que entraron en Badajoz.

En aquel libro publicamos imágenes inéditas, entre ellas dos que se ajustaban perfectamente a las descripciones de Mario Neves, como fueron las escenas que vieron en el patio del Cuartel de Bomba y los dos cuerpos en la plaza de toros.

Yo me pregunto qué hubiera ocurrido si esas fotografías las hubieran publicado “los prestigiosos”.

Seguramente hubieran estado varios años dando conferencias, con sus correspondientes honorarios, por supuesto, y las consabidas comilonas. Vamos, que les hubiera dado juego para varios años de buen vivir y buen comer a costa de la Bestia de la Memoria Histórica.

Y para rematar, como hemos visto en la entrada anterior, el infatigable investigador Moisés Domínguez Núñez, ha dado el do de pecho, al conseguir dos fotografías impresionante tomadas en los fosos del cuartel de la Bomba donde el día 20 de agosto fueron fusiladas varias personas, entre ellas el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero y el diputado a Cortes por la provincia, Nicolás de Pablo.

En el artículo de Tradición Digital, las fotografías carecen de calidad, pero en su formato original son impactantes por los detalles que se observan.

Vuelvo a preguntarme que si en vez de Moisés en su incansable labor de investigación, hubiera sido cualquiera de estos “prestigiosos” que parecen haber venido a menos desde que se cerró el grifo de las subvenciones, lo que demuestra que si no hay “pasta” no se mueven, quienes las hubieran encontrado, posiblemente les hubieran dado todos los premios habidos y por haber, por supuesto con su correspondiente dotación económica, faltaría más y estarían todo los días ocupando primera páginas de ciertos periódicos.

Pues bien, como les iba diciendo, al encontrarnos con tan gran cantidad de datos decidimos ordenarlos y escribir un nuevo libro.

Entremos en materia.

Este libro se basa principalmente en el avance de la llamada columna Madrid, aunque este título no se le dio hasta que se hizo cargo del mando el teniente coronel Juan Yagüe Blanco una vez tomada la ciudad de Mérida, desde su salida de Sevilla hasta la llegada a Badajoz.

Algunos dirán que sobre ese avance ya se han escrito muchos libros, empezando por Sánchez de Arco, pasando por Martínez Bande y Julián Cháves Palacios y, por supuesto, culminando con la obra definitiva que deja al descubierto la autentica verdad, escrita por Francisco Espinosa Maestre, bajo el rimbombante título de LA COLUMNA DE LA MUERTE.

Pues bien, en este nuevo libro, que lleva por título LA COLUMNA RELÁMPAGO. AGOSTO DE 1936 recogemos muchos documentos inéditos hasta ahora y el avance de la columna y la descripción pormenorizada, que yo me atrevería a decir metro a metro de dicho avance, forma la espina dorsal del libro, pero, además de eso, hacemos una amplia descripción de los pormenores que ocurrieron en diversos lugares de Extremadura y las acciones que paralelamente a la marcha de la columna se sucedieron en el ámbito de la región extremeña.

También recogemos unas crónicas muy interesantes de Norberto López, enviado especial del Diario de Lisboa, primer periodista portugués que llegó a España  el 19 de julio en ferrocarril, con la intención de llagar a Madrid, pero al verse interrumpido el tráfico ferroviario en Valencia de Alcántara  por la huelga general que los sindicatos promovieron, tuvo que dejar el tren y hacer el viaje en un vehículo alquilado.

No logró su objetivo de llegar a Madrid, ya que en Navalmoral de la Mata fue detenido por los milicianos, permaneciendo en ese pueblo hasta que fue tomado pocos días después y desde allí logró incorporarse a la Columna del Comandante Doval.

La descripción que Norberto Lópes hace de su odisea es impresionante y digna de ser leída.

En fin, no voy a seguir hablando porque para eso está el libro, para leerlo.

Como el progreso avanza a marchas forzadas, hemos decidido publicarlo de forma digital, con lo que conseguimos varios objetivos, entre los que destacan la facilidad que la red tiene para ser adquirido de cualquier lugar, ahorrando así el coste de distribución y, por lo tanto, abaratando el precio del libro, que puede ser adquirido por nueve euros.

Quienes estén interesados en su adquisición pueden hacerlo a través de la dirección siguiente:



Y ya solo me resta decirles, a quienes los adquieran, que disfruten de su lectura y si sirve para que se comprenda mejor los trágicos acontecimientos que se vivieron en aquellos terribles años, habremos alcanzado los objetivos que nos movieron a investigar, escribir y publicar el libro.

17 marzo 2014

NUEVO ARTÍCULO DE MOISÉS DOMÍNGUEZ NÚÑEZ

De nuevo Don Moisés Domínguez Núñez vuelve a sorprendernos con un impresionante y documentado artículo sobre los suceso de Badajoz en agosto de 1936 para desesperación de los fanáticos partidarios de la República que en su estupidez creen que es patrimonio exclusivo de la izquierda, sin que los muy ignorantes entiendan que un sistema republicano tienen cabida desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, incluyendo a los fascistas neofranquistas.

En realidad, esos energúmenos que van por ahí luciendo un trapo que ni ellos mismo saben de dónde ha salido, alaban a quienes se arrodillaron ante la Bestia de la Memoria Histórica creada para que los compadres roben a diestro y siniestro. Malditos sean todos ellos.

Lean el artículo en  http://tradiciondigital.es/2014/03/17/basil-gee-la-associated-press-e-imagenes-ineditas-de-la-matanza-de-badajoz/

26 enero 2014

NUESTRA DEUDA CON PORTUGAL

En la herencia que nos dejó el innombrable y su nefasto gobierno destaca, sobre todo, la ruina económica en la que hundieron a nuestro país mientras muchos de ellos han sabido buscarse un futuro halagador ocupando puestos relevantes que les permiten afrontar el futuro con suma tranquilidad mientras en España hay gente que pasa hambre.

Todo esto ocurre sin que el cobarde gobierno del PP tome cartas en al asunto y haga pagar a los responsables de la miseria y la ruina que nos asola.

Pero, a parte de esto, otra tenebrosa herencia que nos dejó el innombrable fue la abominación que llamaron Memoria Histórica. Esa bestia inmunda que ha logrado dividir a los españoles.

No le costó ningún trabajo a dicha Bestia, una vez creada, encontrar siervos que se postraran ante ella. Bastaba con hacer sonar la bolsa de dinero e inmediatamente gente sin escrúpulo, llenos ambición y sin valores, se humillaron ante ella y se dedicaron al engaño, la manipulación y sembrar la discordia atendiendo a las directrices que el amo de todos ellos, el innombrable, tenía en mente: Crear crispación.

Basta leer cualquier artículo, o panfleto que esa gente, previo cobro, escribían y podemos observar que denigran a nuestros hermanos portugueses y lo único que saben decir es que las autoridades lusas devolvían a los huidos.

Todo es mentira. Cierto que devolvieron a muchos huidos, pero Portugal tenía pleno derecho a hacerlo porque muchos asesinos trataron de entrar en Portugal y también lo hicieron gente que llevaban con ellos la peste de la maldad. Portugal estaba en su derecho de deportarlos, como actualmente España está en su derecho de deportar a sus países de origen a inmigrantes que llegan a nuestro país de forma ilegal o para cometer delitos.

A ninguno de estos servidores de la Bestia se le ocurrió pensar que, por el contrario, el pueblo portugués se volcó en la ayuda a los refugiados españoles.

En realidad no es que no se les ocurriera, es que no se molestaron en investigar nada y se basaron única y exclusivamente en las mentirosas crónica de Jacques Berthet, Marcel Dany y, sobre todo Jay Allen,

y como esas mentiras a ellos les repercutía en llenar su bolsillos, perdieron la dignidad y no se molestaron en averiguar nada más.

Poco han hablado sobre los refugiados en la frontera de Caya y la ayuda que el pueblo lusitano les prestó, con lo que tenemos con nuestros vecinos una deuda que es impagable.

A parte de los ciudadanos de la vecina localidad de Elvas, que enviaron alimentos también destaca la labor del Diario de Noticias, que incluso aprovechando el flete de un avión particular que contrató para el rápido traslado de sus corresponsales entre Lisboa y la frontera con España, envió en dicho avión alimentos y medicinas e incluso contrataron camiones para hacer llegar dicha ayuda.

Veamos un par de crónicas que se publicaron en Portugal y que recoje perfectamente la situación de los refugiados.

La primera de ellas es la que envió el periodista Mario Pires (el mismo que el señor Espinosa, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, dice que se volvió loco en Badajoz, porque así lo había manifestado el mentiroso Jay Allen en su inventada y falsa crónica sobre Badajoz):


DIARIO DE NOTICIAS, jueves, 13 de agosto


Vimos, con el corazón oprimido, centenares de familias –cerca de dos mil almas, tal vez- esparcidas por la margen de ese río, (el río Caya), medio español, medio portugués, sin abrigo digno de ese nombre.
Duermen siete u ocho personas en casuchas de poco más de un metro y medio, llenas de grietas que no les resguardan del viento agreste de estos últimos días. Se hacinan mujeres y niños en barracas de lona, levantadas provisionalmente, donde Dios quiso. Otros –la mayor parte- hacen lo mismo al raso, debajo de una higuera o bajo el primer arco del puente. ¡Un pavor!
La mayoría de esta población de ocasión está constituida por niños, pequeños inofensivos, risueños, ojos inocentes donde juegan los rayos del sol.
Los milicianos solamente permiten pasar el puente de Caya a los niños. Acariciamos a algunos que vinieron a la propiedad en la que pasamos el día. Pedían legumbres, que por aquí crecen en abundancia. Tienen hambre. A las 15 horas, aún no había llegado de Badajoz ni una corteza de pan para toda aquella gente. Una joven, triste, sin esa gracia petulante de las españolas jóvenes, me confesó, con pena, que ya no soportaba más el arroz con tomate, único alimento de sus padres y de ella desde muchos días a esa parte.
Hubo quien nos vino a pedir carne, huevos, galletas de agua y sal, cualquier cosa. Que les mandasen, fuera lo que fuera, desde Elvas porque no tenían nada para comer.
Es defecto de los portugueses matar el hambre de quien la tiene, conforme a los preceptos cristianos. Y, así, poco tardó que viniese un coche con sardinas, jamones, frutas y otros alimentos más, que fueron rápidamente distribuidos por las familias de los carabineros del Puesto español, todos ellos conocidos y estimados por los portugueses de la zona rayana.

Por si estas necesidades fueran pocas, los huidos también estaban sometidos al terror que los milicianos, ahítos de sangre, extendían sobre ellos y vivían con el temor a que cualquiera de aquellos asesinos se fijara en ellos y los detuvieran:

En cuanto a los milicianos que hacen rondas cerca del puente, a éstos, las privaciones no les alcanzan. Reciben manutención y dinero de Badajoz. ¿Será así? Vendemos la noticia al precio exacto que la compramos.
Pasa un grupo en busca de no sabemos bien qué. Son tres jóvenes. Uno de ellos de 20 años, otro de 15 y, el tercero, de 12 o 13. De repente, se detienen. Apuntan las armas a dos individuos que están sentados a la orilla del río. Ambos levantan las manos. Uno de ellos cierra el puño, en saludo comunista. Es dejado en paz. El otro, en cambio, se tiene que ir delante de los milicianos con las armas amartilladas. ¿Para dónde van? ¿Qué le va a suceder? ¿Qué habrá hecho el desgraciado para caer en el desagrado de aquellos peligrosos inconscientes?
No tardamos en saberlo. Era un molinero de Badajoz, que huyó hacía aquí después del bombardeo aéreo de ayer. Una bomba de avión cayó y explotó en su fábrica. Perdió la cabeza y se vino a Caya para estar cerca de Portugal. Ése era su crimen.
Llegan más milicianos. En esta ocasión con una mujer bastante fea –Bendito sea Dios- con pistola al cinto. El marido, así no los dijeron, era el que iba al lado de ella, con una gran escopeta, más fea que la mujer.
Durante toda la mañana y toda la tarde, asistimos al viene y va de los elementos del Frente Popular, llegando y yéndose en automóviles, siempre con las banderas rojas ondeando.
Oímos a una esbelta joven, al otro lado del río, a tres metros de nosotros, decirle a su padre:
-¿Qué querrán estos aquí? Si hubiera combates, sería allá abajo, en Badajoz.

Veamos otra crónica publicada por el Jornal de Elvas el 20 de agosto de 1936 en la que se recoje la desinteresada ayuda del pueblo portugués:

En Alfarofia, como en todos los montes vecinos de Caia, hay muchas familias refugiadas. Y no hay duda que los labradores portugueses, y ponemos de relieve los nombres de Francisco Adelino Gonçalves y Francisco Rente,  han mantenido un cariño y una gentileza extraordinarios, recibiendo y acogiendo esa gente, dándoles alimentos y comodidades. No es un mito la vieja hospitalidad alentejana.

Y, para terminar, veamos por último, aunque podríamos citar muchas más, la crónica del diario O SÉCULO. Martes, 11 de agosto.

Centenares de familias abandonan sus casas y vienen a acampar en la margen española del río Caya. Esas familias pertenecen a elementos de izquierda y a partidarios de derecha. Las tristes circunstancias en las que  se encuentran ahora parecen no distinguir partidos. La mala suerte les une. Los fugitivos acampan, unos en tiendas de campaña; otros entre los chopos, y, aún algunos, debajo del puente internacional.                                                                                             
Toda esta infeliz gente, entre las que predominan mujeres y niños, se prepara para buscar asilo en nuestro país en el caso de que sus vidas corran peligro….
Cerca del mediodía comenzó a notarse en territorio español un gran movimiento. Decenas y decenas de familias, transportando paquetes, maletas, cántaros, cestos –todo cuanto pueden salvar de la hoguera marxista- atravesaron el puente y entraron en Portugal. Era conmovedor el espectáculo. Las mujeres, llevando a sus hijos de la mano, lloraban convulsivamente. Ancianos torpes se arrastraban por la carretera buscando refugio en Portugal. Los pequeños, ajenos en su inocencia, de la espantosa tragedia de su país, jugaban y reían. Era el éxodo, una fuga desperada, a muerte. Aterradas abrazaban a sus hijos, las infelices mujeres acamparon a la orilla de la carretera, más con un raro sentido de solidaridad humana, nuestras autoridades conmovidas por el aspecto triste de aquel campamento de dolor, recogieron a todos los refugiados en el edificio de la Aduana. Entre los refugiados venían dos señoras, madre e hija, naturales de Navarra, que habían ido a Badajoz para asistir a una boda.
Deben haber entrado en Portugal unas trescientas personas, todas ellas luchando contra su falta de recursos.

25 enero 2014

CASA CORNELIO (IV)

CASA CORNELIO (IV)




El resultado de las elecciones constituyentes de 1931 en Sevilla capital, celebradas con el Estado de Guerra declarado por la asonada del comandante Franco, fue inequívoco. Seis diputados las izquierdas, ninguno el centro y ninguno la derecha. El pueblo es sabio.

Pero, claro, cinco diputados los sociatas y uno los anarquistas, eso no se podía consentir. Los muchachos del piquete del sindicato empezaron a entonar: “Hacía falta ya una huelga, una huelga; hacía falta ya una  Huelga General.” A ellos se unieron los comunistas, que no habían sacado ningún diputado, pero constituyeron algo nunca visto: el Sindicato de Parados. Los estalinistas no iban a ser menos. Animados por la ocasión convocaron una huelga de parados, que fue un fracaso, porque en Sevilla la gente se manifiesta multitudinariamente por cualquier insignificancia, excepto contra el desempleo. Eso no se conoce y no hay previsión de que suceda a corto o medio plazo. Otra cuestión sería que quitasen las “paguitas”. Entonces… no quedaba en pie ni el Puente de Triana. 

Como los parados no se movían, y para que la gente se animase, los comunistas decidieron asaltar los bares y las casas de vecinos, para que los camareros y las porteras se unieran pacíficamente y democráticamente a la huelga. Lo de las casas de vecinos, vale, pero en Sevilla los bares son sagrados. 

El pueblo sevillano aún no les ha perdonado esta grave afrenta y los comunistas en Sevilla, 82 años después siguen sufriendo unos resultados electorales ridículos. Parece mentira que todavía no se hayan dado cuenta de esto. La foto del concejal Torrijos metiéndose una mariscada de campeonato en la Plaza Mayor de Bruselas a costa del bolsillo de los sevillanos tampoco les va a ayudar, todo hay que decirlo.

Los anarquistas sí que fueron más inteligentes. Convocaron huelgas contra el Gobierno de Madrid en los sectores vitales de la economía sevillana: la construcción, la cerveza Cruzcampo y la Telefónica. Los jubilados ya no tenían obras que supervisar por las mañanas, los cabezas de familia se quedaban sin cervecita al mediodía y las mujeres no podían hablar por teléfono con su hermana y con su madre, lo cual, como todos sabemos, es una necesidad vital en la vida femenina moderna. Durante la primera quincena del mes de julio se sucedieron 19 huelgas de este tipo, como se dice por aquí, “con la caló que hase”.

Para garantizar la plática, que era lo más perentorio – habría que escuchar a su mujer y a su suegra -, el Gobernador Civil declaró como sectores de alarma los alrededores de las Centrales de Teléfonos: Macarena, Fontanal, Capuchinos y Barrio Obrero. El 7 de julio recibió refuerzos de Guardia Civil procedentes de Valencia y de Guadalajara. Los gloriosos luchadores por la Justicia, la Democracia y la Libertad respondieron a esta dolorosa afrenta del Gobierno de Madrid. Fueron cortando todos los hilos del teléfono que se iban encontrando, incluyendo el cable a Huelva. A esta medida, respondió el muy radical socialista Director General de Seguridad, sí, de la temida DGS de la Puerta del Sol, que entonces ya existía, dando la democrática y respetuosa con los derechos humanos orden de disparar a matar a todo aquel a quien se sorprendiera atacando las instalaciones de la Compañía Telefónica. Las marías sevillanas respiraron aliviadas. Rápidamente llamaron a sus hermanas y a sus madres para comunicarles las buenas noticias. Ya había teléfono otra vez. Las pobres operadoras no daban abasto, clavija va y viene. Con tanta calor… Y sin cerveza.

El 18 de julio, un piquete de huelguistas de la Cruz del Campo divisaron desde la puerta de entrada de la fábrica que unos esquiroles estaban cargando un camión. Democrática y pacíficamente pistola y garrote en mano se dirigieron hacia el lugar para informar sobre el derecho a la huelga con el resultado de los barriles tirados por el suelo y varias caras partidas. Cuando llegaba la pareja de la Guardia Civil de retén en la fábrica, el valeroso piquete salió en huida avda. Luis Montoto abajo realizando varios disparos sobre los guardias, a los que se unieron varios procedentes del Cuartel de la Pza. del Sacrificio, popularmente conocido como “la fábrica de tortas”, por la cantidad de guantazos que allí se daban a los chorizos en los interrogatorios. La persecución continuó hacia la Puerta de Carmona y la calle San Esteban, por donde se dispersaron. No volvieron a aparecer hasta después de la hora de la siesta. Ahora con sus compadres.

Sobre las seis y cuarto de la tarde, una turba de gente armada con cuchillos, palos y armas de caza se dirigía a la Plaza de Pilatos. Pero no fueron a ver al duque de Medinaceli. Allí se enfrentaron con los comerciantes que se negaban a cerrar sus establecimientos. En un momento dado, en legítima defensa, uno de ellos sacó de debajo del mostrador una pistola e hizo varios disparos. Se organizó la desbandada general, rompiendo todo lo que encontraron a su paso y respondiendo a los disparos. Rápidamente llegó una brigada de la Guardia de Seguridad que disparó contra los democráticos huelguistas haciéndoles un herido grave que posteriormente fallecería. Los piqueteros detenidos dijeron ser trabajadores de la Cruz del Campo, aunque esto nunca se corroboró.

La muerte del anarquista provocó que al día siguiente la CNT convocara un mitin en el Teatro del Duque en el que intervino el muy democrático Ángel Pestaña, llegado de Cádiz esa misma tarde. En el acto acusó al Gobierno de Madrid de lo el día anterior y se acordó, entre otros puntos, pedir la detención de los agentes de Seguridad implicados y la destitución del Gobernador Civil. Todo súper-democrático y súper-respetuoso con la Constitución y con el Ordenamiento Jurídico vigente. Aún así, los luchadores por la Justicia, la Democracia y la Libertad se quedaron disconformes. No era suficiente lo que había dicho el cobardón de Pestaña. Los sociatas del Gobierno tenían que pagarlo caro.

Los compañeros cargadores del puerto tampoco se iban a quedar atrás. Hacía poco habían recibido un cargamento de armas de Moscú para ir preparando la Revolución de Octubre y era el momento ideal para ir enseñándolas y ganarles por la mano la acción a los compañeros anarquistas. Los comunistas eran pocos, pero bien organizados. En la reunión urgente de la comunista ULS se acordó la convocar la Huelga General para el martes 21 y realizar una manifestación en recuerdo del valeroso compañero anarquista caído. No importaba que no estuviese autorizada por Orden Público. Daba igual; el heroico compañero caído se lo merecía. Aunque fuese anarquista, había que tomar la iniciativa e ir mostrando quién iba a mandar en breve.

Al día siguiente, lunes 20 de julio, la manifestación fue disuelta por las fuerzas de Seguridad cerca de la Macarena. Grupos organizados se enfrentaron a los guardias en la calle Feria y Relator sembrando el caos y la destrucción. El tiroteo que se produjo se extendió hasta el cuartel de la Guardia de Seguridad de La Alameda. Como resultado de estos disturbios hubo dos muertos, un guardia y un asaltante, y seis heridos graves. Otras fuentes hablaban de tres muertes y nueve heridos. La situación llegó a ser tan crítica que ya de noche tuvieron que desplegarse por las calles de Sevilla todos los efectivos disponibles de la Guardia Civil. El barrio de La Macarena se acordonó militarmente. En Sevilla se estaba desarrollando una guerra no declarada. 

Al día siguiente, primer día de la Huelga General, la situación ya era de extrema tensión. La ciudad estaba paralizada y la huelga se había extendido a algunos pueblos de la campiña. Esa tarde se registraron otros tres nuevos muertos en los enfrentamientos. Las tropas militares volvieron a salir a la calle a imponer el orden. 

El 22 de julio ya se puede hablar de verdadera batalla campal por las calles de Sevilla. Los tranvías vacíos circularon protegidos por agentes de Seguridad. Los viandantes eran cacheados en los controles callejeros que se establecieron. A las 12 de la mañana se registraron disparos en la Plaza de San Francisco contra el Ayuntamiento y la Audiencia. Los guardias respondieron con fuego graneado contra los agresores. Dos compañías del Regimiento de Infantería ocuparon el lugar. Se instalaron ametralladoras en las azoteas del Ayuntamiento y de la Telefónica. También sobre la Giralda. Aviones con ametralladoras sobrevolaron la ciudad para evitar los disparos de los francotiradores desde las azoteas. Se instalaron grandes reflectores en la Giralda para iluminar las azoteas en busca de francotiradores. Hubo tiroteos en Triana, la Puerta de la Carne, el Paseo Colón, etc. Se obligó a los civiles que circulaban por las calles a hacerlo con las manos en alto. 

Mientras que se declaraba a la CNT fuera de la Ley y se clausuraban sus centros; también se clausuró el centro comunista de la ULS. Se dio la orden de detener a todos los que portasen el carnet de la CNT. Los detenidos llegaron a ser tantos que no cabían en los calabozos. Por este motivo, desde el Gobierno Civil se decidió utilizar la planta baja del edificio de la Plaza de España, que era un local en bruto sin habilitar. Los progres de hoy en día ponen el grito en el cielo porque durante la Guerra Civil se utilizaron nuevamente estas dependencias con idénticos fines, igual que en Badajoz se hizo con los túneles del Baluarte de la Plaza de Toros, omitiendo interesadamente que durante la República ya habían sido utilizados. A las doce de la noche se volvió a declarar formalmente el Estado de Guerra en Sevilla. Era la tercera vez en tres meses. Como se puede comprender, la gente de bien estaba hasta la coronilla.

Esa misma noche fue atacado el Gobierno Civil en la Plaza Nueva. Mientras tanto, una escuadra de Infantería auxiliada por guardias civiles y municipales conducía una camioneta con presos hacia el calabozo provisional de la Plaza de España. Hay quien sostiene que la escuadra la mandaba el teniente de los municipales Manuel Díaz Criado, aunque es muy dudosa esta atribución. Al llegar al Pabellón de Portugal en el Prado de San Sebastián, se averió la camioneta y tuvieron que sacar los presos para trasladarlos a pie. En ese pequeño trayecto fueron atacados por un grupo de pistoleros que intentaron liberar a sus compañeros presos. Cuando estos huían por el Parque de María Luisa, la escuadra hizo fuego sobre ellos en cumplimiento de la Ley de Fugas entonces vigente. El resultado fue cuatro delincuentes muertos.

El 24 de julio, con el Estado de Guerra declarado, el Gobierno democrático de Madrid decide terminar definitivamente con los graves disturbios antidemocráticos que se estaban viviendo en Sevilla. Con la excusa de que el Gobernador Militar amenazó con detener a los comerciantes que no habían abierto sus establecimientos, se decide atacar el Cuartel General de la subversión. Los cabecillas se reunían en el bar Casa Cornelio, que incluso se utilizaba como centro de distribución de armas y se disparaba desde él a la Guardia Civil y a la tropa. El Ministro de la Gobernación ordenó llevar piezas del Regimiento de Artillería Ligera acuartelado en Bellavista y dio 4 horas a los ocupantes del bar para rendirse, tras lo cual se abriría fuego. Rápidamente los valerosos muchachos, con la idea fija de “que este culito no pase hambre”,  desalojaron el local llevándose consigo todo el material comestible que había en su interior: jamones, chacina, quesos, barriles de cerveza, garrafas de vino, etc. 

A las 17.00 horas fue demolido Casa Cornelio “establecimiento de bebidas que según las autoridades era el cuartel general de los anarcosindicalistas, aunque el dueño era comunista”. Efectivamente, uno de los dueños había sido protagonista de los sucesos del 15 de abril y según las informaciones de que se disponían, en aquel local se reunían los comisionados de Moscú.  Aún así, siguieron los combates por unas horas. Se produjo un intento de asalto al cuartel de la Guardia Civil de la Plaza del Sacrificio, con el resultado de dos muertos; uno de ellos un capitán de la Guardia Civil que vigilaba en la azotea.
 
Militares, Guardia Civil y de Seguridad sufrieron agresiones y asaltos por toda la ciudad. Hasta las doce de la noche no volvió la tranquilidad a las calles, controlándose completamente la situación en los días sucesivos. Se mantuvo declarado el Estado de Guerra hasta el 29 de julio. El resultado: 16 muertos en la capital y 4 en los pueblos. ¡Qué malo era Queipo de Llano!

Pero, como hemos visto, Queipo de Llano no tuvo nada que ver con los incidentes ocurridos en Sevilla en la primavera-verano de 1931. Sin embargo, sí que han aparecido en estas líneas nombres muy familiares para los interesados en lo sucedido en la Guerra Civil en Badajoz. Nombres de infausto recuerdo como Ildefonso Puigdengolas Ponce de León, Salvador Sediles Moreno, Manuel Gómez Cantos, Antonio Rexach, el Dr. Pedro Vallina y seguro que me dejo alguno más. Se podría hablar de Margarita Nelken, Simeón Vidarte, Saturnino Barneto, Antonio Modesto Guilloto y de otros muchos más.

Durante estos incidentes, el Gobierno de la coalición socialista–maurista decidió instaurar los instrumentos jurídicos necesarios para que estos incidentes no volviesen a desarrollarse. El Ministro de Trabajo, el socialista Francisco Largo Caballero, también conocido por el Lenin español, propuso un decreto para declarar las huelgas ilegales. Esto se materializó en la Ley de 22 de octubre de Defensa de la República, que recortó drásticamente los derechos civiles de los españoles. Fue un golpe duro para los compañeros anarquistas que se quedaron sin uno de sus instrumentos favoritos, pero ya sabemos: la culpa de los recortes siempre es de Franco y de Rajoy.

A pesar de esto, durante aquel paraíso para las libertades y la cultura que fue la II República, los sevillanos no pudieron vivir tranquilos. No fue cierto que todos los españoles eran iguales ante la Ley. Quedó patente a lo largo de todo el periodo republicano que las condenas y los indultos se administraban asimétricamente en función de la ideología de los condenados. Así, el comandante Ramón Franco ni siquiera fue condenado por la preparación del golpe de estado en Tablada en junio de 1931. Se detuvo ilegalmente a terratenientes con el grave cargo de pertenecer a dicha clase. El derecho a la vida y a la integridad física y moral de los sevillanos no estaba garantizado. Los continuos atentados con bomba, el pistolerismo desbocado y la represión policial siguiente hicieron imposible el desarrollo de una vida libre y sin miedo a ser asesinado en cualquier momento. Tampoco se respetó la libertad ideológica, religiosa y de culto. Prosiguieron los ataques e incendios a las iglesias, conventos y colegios religiosos de Sevilla. Por primera vez en la Historia se impidió violentamente el desfile de las hermandades procesionales en Semana Santa. No existió libertad de expresión e información. Se clausuraron los periódicos no afines al régimen y se instauró la censura previa y el secuestro de publicaciones. El diario ABC de Sevilla sufrió un acoso implacable por su carácter monárquico. También sufrió el acoso el diario La Unión. El derecho de participación en los asuntos públicos se entendió de un modo perverso. El pluralismo político nunca existió como tal. Elecciones celebradas con el Estado de Guerra declarado, coacciones masivas, pucherazos, repetición de elecciones hasta que saliese elegido el candidato gubernamental y un sinfín de irregularidades alejaron de las urnas a una parte considerable de la sociedad española de la época. El derecho a la educación también quedó comprometido. Los niños sevillanos no pudieron acceder con normalidad a la educación, pues el continuo acoso a los centros educativos religiosos, entonces la inmensa mayoría, impedía la continuidad en el desarrollo de las clases. Tampoco se garantizó la seguridad jurídica. Expropiaciones aleatorias o en función de la ideología del expropiado. Justiprecios sin valorar, actas de ocupación falsificadas, ocupaciones ilegales violentas, hurtos y robos de las producciones, etc. vaciaban de contenido el derecho a la propiedad privada y a la herencia, y con ello toda la actividad económica sumiendo a la ciudad en una crisis de difícil solución. Las principales empresas mineras con intereses en el sur de España abandonaron las explotaciones. A ello hay que unir la vulneración del derecho al trabajo a través de las actuaciones de las huelgas y de los piquetes ilegales. Todo ello degeneró en unos niveles de desempleo insostenibles por la Beneficencia. Hubo que aumentar la presión fiscal, y con ello la economía sevillana perdió competitividad en el exterior. En Sevilla, por entonces una potentísima ciudad industrial, por primera vez empezaron a cerrarse fábricas y talleres. A ello hay que añadir el continuo chantaje y las intentonas de demolición del Estado por parte de las declaraciones de independencia de los nacionalistas catalanes y las pretensiones de los vascos.

Y claro, otro caluroso Julio cinco años después, cuando el general de División Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, Inspector General de Carabineros y anterior Jefe de la Casa Militar del Presidente de la República, se dirigió en coche desde el hotel Simón al edificio de la División en la Plaza de la Gavidia para tomar el mando en Andalucía y Badajoz, con la única ayuda de cinco oficiales del Ejército, el pueblo de Sevilla en masa se volcó espontáneamente en su ayuda. Comenzó en este momento la persecución y abatimiento de todos los que provocaron o intervinieron en el infierno en que se había convertido la II República. Miles de voluntarios hicieron cola en los cuarteles para alistarse como voluntarios. No había suficiente número de oficiales que pudiesen instruir a tal número de voluntarios patriotas de todas las edades. Como resultado del enfrentamiento armado quedaron reducidos a escombros los barrios de Triana y San Marcos – San Julián, también conocido como “el Moscú sevillano”.

En las comisarías de Asalto y en los cuartelillos de la Guardia Civil también se hacían largas colas para acusar, delatar o exculpar a fulano, mengano o zutano. No se daba abasto para tanto informe. Las cárceles estaban abarrotadas. Se habilitaron nuevamente los sótanos de la Plaza de España, los cines y teatros y los patios de las comisarías de Asalto. Incluso se utilizaron barcos atracados en el puerto, como el Cabo Carvoeiro de la naviera Ybarra. 

Todo esto está documentado. En los archivos están los procedimientos. Allí está quién dijo qué, cómo, cuándo, dónde y contra quién. En esta revancha participaron activamente cientos de miles de sevillanos que, hartos de no poder vivir en la dichosa República, vieron su salvación en la restauración del Orden Público y del Estado de Derecho por los militares. Incluso desde Sevilla, en menos de dos semanas se organizaron las columnas que gloriosamente, esta vez sin ironía, comenzaron la reconquista de Madrid. Pero claro, todo esto no conviene que se sepa. Lo mejor es afiliarse al partido de turno que más manda y mantener los archivos bien cerraditos y que solo entren los amiguetes de confianza y los paniaguados del sistema. No sea que se sepa lo que hicieron los papás en la guerra. Alguien tiene que llevarse la culpa de lo que sucedió. Mejor, un muerto… Ya está… ¡Fue el criminal de Queipo de Llano! ¿O la culpa fue de Franco, de la Aguirre y de los recortes de Rajoy?


F.B.S. 

22 enero 2014

CASA CORNELIO III

CASA CORNELIO (III)

Otra de las mentiras y manipulaciones habituales de la izquierda contemporánea consiste en declararse herederos políticos de la II República y atribuirse la bandera y símbolos institucionales de este régimen. Así, en cualquier manifestación o acto de socialistas, comunistas o anarquistas podrán Vds. observar una profusión de banderas tricolores, muchas de ellas adornadas con el escudo con corona mural. Si les preguntan, seguramente contestarán que es que ellos están por la proclamación de la III República, pero utilizan los símbolos de la II República para ello. Esto es un contrasentido más de la progresía de salón. 

La República Liberal Burguesa fue atacada desde su creación de forma incesante y violenta por el anarquismo libertario, que no eran precisamente en aquel momento una minoría testimonial. A ellos se unieron rápidamente los comunistas, subvencionados, entrenados en el terrorismo y armados por Moscú. Finalmente, en este planteamiento anti-sistema se les unieron, en cuanto vieron la posibilidad de perder las elecciones democráticas, los socialistas de Largo Caballero, Negrín y Prieto. Recientemente hemos podido comprobar, una vez más, la dificultad que tienen los socialistas en digerir una derrota electoral. Aún hoy, casi dos años después, no terminan de asimilarlo. Evidentemente, como todo el mundo sabe, la culpa es de Franco, de los neo-franquistas y de los recortes de Rajoy.


Al menos, los nacionalistas vascos y catalanes tienen un poco de más coherencia y no se arropan en estos símbolos. Reconocen abiertamente que su objetivo era escindirse de la República Española y, por lo tanto, su eliminación definitiva. Hoy en día siguen con la misma actitud en el marco constitucional actual. No verán Vds. Banderas tricolores en actos de ERC o del PNV. Eso es lógico.

Por tanto, apropiarse de los símbolos de otro en beneficio propio tiene un nombre: usurpar. (Del lat. usurpāre).

1.- Apoderarse de una propiedad o de un derecho que legítimamente pertenece a otro, por lo general con violencia.

2.- Arrogarse la dignidad, empleo u oficio de otro, y usarlos como si fueran propios.

Pero no seré yo quien haga defensa de este patrimonio. Tendrán que ser los republicanistas liberales, si es que a estas alturas queda alguno, o los masones quienes tengan que defender lo suyo. No soy Chaves Nogales ni Clara Campoamor. Sólo me limito a poner de manifiesto esta contradicción.

Vamos a retroceder en el tiempo y volver a 1931. A ese tiempo idílico en el que en Sevilla florecieron las artes, las ciencias y la investigación. A la impoluta actuación de aquellos demócratas republicanos que heroicamente defendieron con tanto tesón el régimen del pueblo.

Después de la quema de iglesias y conventos, en otro alarde de talante democrático y generosidad de la República, el 31 de mayo se repitieron las elecciones en los Ayuntamientos en los que habían ganado los monárquicos, que fue en la mayoría de los municipios excepto en las grandes ciudades. Evidentemente, habría que repetir las elecciones hasta que fuese elegida la corporación republicana que interesaba al Gobierno. Estas elecciones se celebraron con el Estado de Guerra declarado. Esta medida seguramente habrá sido una gran inspiración para democracias tan consolidadas como la de Corea del Norte, que formalmente sigue en guerra con el sur.

El 5 de junio fue relevado en el mando de la Capitanía, en ese momento denominada División Orgánica, el General Cabanellas por el General Ruiz Trillo. Cabanellas tuvo que pasar a Marruecos para sustituir a Sanjurjo, que había dimitido en desacuerdo con todo lo que estaba sucediendo. No obstante, lo mantuvieron como Director General de la Guardia Civil.

El 10 de julio, ante la noticia de que los obreros de varios pueblos del distrito de Osuna exigían el levantamiento del Estado de Guerra con amenazas, y en caso contrario, declarar la Huelga General, el Ruiz Trillo se vio obligado a actuar. Para evitar cualquier tipo de alteraciones del Orden Público envió hacia aquella zona fuerzas de Infantería de los Regimientos Soria y Granada, de Intendencia, Aviación y Guardia Civil, situándose en las localidades de Morón, Osuna y Estepa. 

A Marchena llegó desde Puente Genil con el II Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil de Córdoba el capitán Manuel Gómez Cantos, el que con el transcurso de los años sería conocido en Extremadura como “el sanguinario”. En “tierra de bandoleros”, este Escuadrón de Caballería había sido creado para la persecución de delincuentes y forajidos. En este caso, sindicalistas anarquistas y socialistas se enfrentaban pistola en mano en las plazas de los pueblos por el control de la contratación de jornaleros. Como vamos viendo, todo lo que sucedió después tuvo su antecedente.

El Estado de Guerra se levantó finalmente el 15 de junio tras reunirse en Capitanía el General de la División, el Gobernador, el Presidente de la Audiencia y otras autoridades. Días antes habían regresado las tropas desplazadas a sus acuartelamientos. No perdieron tiempo los luchadores por la Justicia, la Democracia y la Libertad e inmediatamente volvieron a la estopa y a la gasolina, su especialidad. Entre las huelgas que tuvieron lugar en aquellos días de julio destacan la de obreros de tres fábricas de productos químicos, la de trabajadores de la construcción de la dársena, la del gas y electricidad, de vaqueros, de panaderos de La Aurora, de obreros en El Castillo de las Guardas, o de los de la Corchera Internacional, todas con su muy democrático piquete violento organizando disturbios e impidiendo el acceso a los centros de producción a los trabajadores que no secundaban las huelgas. 


Si la UGT organizaba una huelga, los camaradas de la CNT organizaban otra más grande, no iban a ser menos, y así sucesivamente hasta reventar la pelota. Una lástima que el bisoño Gobierno de la idílica República no había descubierto que la forma de evitar esto es subvencionando hasta el tuétano la acción sindical y entretener a los sindicalistas en viajes al Caribe, comilonas en la Feria de Abril de Sevilla, amenazar y coaccionar a la jueza que los juzga o regalando maletines falsos comprados en China. Todo sea por la Paz Social.

Y como en Sevilla no había suficientes terroristas y alborotadores, el 21 de junio de 1931 llegaron los refuerzos de Madrid. En el aeródromo militar de Tablada aterrizó el avión del Director General de la Aeronáutica Militar, comandante Ramón Franco Bahamonde. A pesar de utilizar medios del Estado, no venía en misión oficial. Estaba en campaña electoral. Se presentaba a diputado a las Cortes Constituyentes por Sevilla con el partido libertario y por Barcelona con ERC. Sí, sí, el hermano del Generalísimo sacó acta de diputado por el partido que va a romper España, que todo hay que saberlo.


Ramón Franco, entre fiesta de cabaret y burdel le había lamido el culo a Alfonso XIII hasta que consiguió que le organizasen la ruta oceánica del Plus Ultra. A mitad de viaje, y viendo que el avión se estrellaba le dio una patada en el culo a uno de sus compañeros y lo dejó tirado en medio del océano. El militar eyectado, obviamente, era el único de toda la tripulación que no era enchufado. De todas formas, el hidroavión se estrelló, pero con la suerte de que fue en la Bahía de la Plata, a muy corta distancia de Buenos Aires. Una vez abierta la ruta aérea, Ramón Franco medró para sacar tajada económica de lo que con el tiempo llegó a ser Iberia - Líneas Aéreas de España. El Rey se lo impidió, y el comandante Franco, muy indignado se hizo republicano extremista acérrimo y se dedicó a fomentar la amenaza, el odio y la quema de iglesias. 


Después del Alzamiento de sus hermanos mayores Paco y Nicolás, y viendo que la República perdía la guerra, Ramón volvió a ver la luz y se le pasó repentinamente la fiebre republicana, pero volvió a estrellar su avión en el mar, el azul Mediterráneo esta vez, con consecuencias fatales para él, pero felices para los españoles de bien. En este momento pudo ser cuando su hermano Paco pensase por primera vez: “No hay mal que por bien no venga”. Esto es una elucubración mía. Años después esta frase se hizo célebre en referencia a otro militar relacionado con Sevilla que voló por los aires, pero esta vez no por voluntad propia, sino de los terroristas vascos de la ETA. Según alguna fuente, utilizando la infraestructura clandestina del PCE.

El comandante Franco no llegó a Sevilla solo. Se trajo a su mujer, a tres capitanes pilotos más y a varios paisanos asesores políticos, cómo no, entre los que estaba el mecánico Pablo Rada. Este último había formado parte de la tripulación del Plus Ultra y era conocido por su violencia y sus posiciones extremistas. Como era mecánico de Iberia, el día de la quema de iglesias y conventos en Madrid había sacado varios camiones cisterna del aeródromo de Getafe y había surtido a los heroicos luchadores por la Justicia, la Democracia y la Libertad del imprescindible agente combustible en forma de queroseno de aviación. 

Nada más llegar a Sevilla, y mientras el comandante daba mítines por los pueblos, Rada se dedicó a organizar la sublevación de la tropa de la Base, por donde andaban libremente el resto de componentes de la candidatura libertaria por Sevilla: Blas Infante, Balbontín, el terrorista confeso Dr. Vallina, etc., etc. El 22 de junio, por los cielos de Sevilla se veía volar una avioneta militar pintada con los colores anarquistas que portaba una banderola que decía “Viva Andalucía Libre”. La pilotaba el capitán golpista Antonio Rexach, especialista también en estrellar aviones y en cohechos, que también formaba parte de esta candidatura.

Los oficiales de la Base vieron impotentes cómo la tropa se les insubordinaba. Sólo recibían órdenes de Franco, Rada y de los elementos anarquistas. Tanto es así, que pidieron ayuda al Gobierno de Madrid, y en un ataque de desesperación incluso fueron a buscar al que había sido Jefe de la Base en el periodo monárquico, coronel Delgado Brackenbury, un auténtico caballero, que obviamente había sido cesado por motivos políticos.


Desde el interior de la Base, con material y hombres del Ejército, se estaba llevando la campaña electoral del partido político más extremista que se presentaba en la circunscripción. Con medios militares se llamaba al pueblo andaluz a la ocupación de tierras y a la Revolución contra la República. Algo similar a lo que hace el inefable Sánchez Gordillo en el Ayuntamiento de Marinaleda, pero en los años 30. Menos mal que entonces no existía el Carrefour, que si no, se hubiesen llevado varios carros de comida sin pagarlos. Evidentemente, los comerciantes de Sevilla temblaban esperando el asalto definitivo a sus comercios. Las aseguradoras no emitían nuevas pólizas.

En Madrid lo que sucedía en Sevilla se veía con mucha preocupación. El 24 de junio Ramón Franco fue a Lora del Río a dar un mitin que tampoco estaba autorizado, en el que participaba el hermano del capitán Fermín Galán, el también capitán Juan Galán. Cuando Franco estaba subido en el escenario, la estructura efímera de madera construida para la ocasión se vino abajo. Se partió una pierna, pero muerto de miedo, pensó que aquello era un atentado contra él. Lo evacuaron urgentemente a la enfermería de la Base, donde lo operaron. Antes de entrar en quirófano, y como no se fiaba de los médicos militares que lo iban a operar de la fractura abierta de la pierna, ordenó volar a Sevilla a los pilotos más extremistas de la Aviación Militar de toda España, que se presentaron allí en pocas horas para hacer piña con la tropa. Por si era poco, el Jefe de la Base, teniente coronel Camacho, amigo personal de Franco, ordenó se suministrase desde la Maestranza de Artillería 500 bombas montadas con sus correspondientes espoletas. Quedaban cuatro días para las elecciones.

El 26 de junio los oficiales de la Base ya tienen conocimiento de que el levantamiento revolucionario se va a llevar a cabo en cuestión de horas. Incluso se hacen con la lista de los cabecillas del movimiento. Se llevará a cabo tras el recuento de las elecciones si no triunfan las candidaturas de extrema izquierda. Disponen del apoyo de grupos de sindicalistas y campesinos libertarios y comunistas. También del personal civil laboral de la Base. Ponen esta circunstancia en conocimiento de Madrid, que envía inmediatamente al General Sanjurjo para desactivar la asonada. Mientras tanto, en la Base, se escuchan detonaciones y los militares salen de los pabellones pistola en mano, encañonándose unos a otros.

El 27 de junio Sanjurjo, con plenos poderes en Sevilla, detiene y cesa al Jefe de la Base, abre un expediente a los sargentos y cabos conjurados, invita a salir a los políticos de la instalación militar y pasaporta a los pilotos que no tienen destino allí. A las cinco de la tarde, una columna compuesta por dos compañías del Regimiento de Infantería Soria hizo un recorrido por el centro de la ciudad para mantener apaciguados los ánimos de la población civil. El golpe había sido evitado.

Los Consejos de Guerra al teniente coronel, al capitán Rexach y a los suboficiales fueron concluidos. Se resolvieron con condena por sedición. A Ramón Franco, por ser aforado como diputado, no se le pudo expedientar, pero se creó una Comisión Parlamentaria que estudió el asunto. La carrera política de Ramón Franco acabó ahí. Se exilió a EE.UU., pero a los sevillanos ya nadie les quitaba el miedo del cuerpo. Pablo Rada se evadió el 27 de octubre de la Prisión Provincial. El 19 de diciembre liberaron al resto de presos civiles implicados en el intento de golpe de estado. Todo muy democrático, claro.


El domingo 28 de junio de 1931, con la población civil acongojada por el intento de sedición militar y con unidades militares patrullando por las calles, se celebraron las elecciones constituyentes en Sevilla. Recordemos la democracia consolidada de Corea del Norte. De los seis escaños que se dirimían en la capital, todos los obtuvieron las izquierdas. Cinco la coalición entre mauristas y socialistas y uno el comandante Franco. Había quedado claro: la República era de izquierdas. Como para no serlo.

Esto lo vivieron nuestros abuelos. Pero nosotros vivimos el 11-M, algo parecido. Se celebraron unas elecciones generales con la población civil totalmente atemorizada. Los atentados y la torpe gestión que hizo el Gobierno hicieron que el electorado variase sustancialmente su intención de voto, saliendo elegido un candidato-comparsa que con el tiempo se convirtió en el peor Presidente del Gobierno de la Historia reciente de España. Zapatero es unánimemente reconocido como un Presidente fallido. Un error que nos ha costado carísimo a todos. El padre de la Memoria Histórica.





F.B.S. 

21 enero 2014

CASA CORNELIO (II)

En la entrada, titulada ¿Dónde está enterrado el general Queipo de Llano?, el señor FBS hace un pormenorizado estudio sobre la Casa Cornelio. Pueden leerlo en:


Lo que sigue es la continuación de ese trabajo que consta de cuatro partes que iré exponiendo en días sucesivos.

Vayamos ahora a por la segunda parte:

CASA CORNELIO (II)

En el artículo anterior amenazo a los pacientes lectores del blog con desarrollar los disturbios que tuvieron lugar en Sevilla durante los meses de junio y julio de 1931, atajados de forma violenta por el gobierno de izquierdas de ese paraíso que de las libertades y de la seguridad ciudadana que fue la Segunda República. Recapitulando, ya hemos visto que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y que si una familia sufre una intoxicación alimentaria accidental es culpa de los recortes de Rajoy, de la Aguirre y, evidentemente, del Generalísimo Franco con la connivencia del criminal Queipo de Llano que bombardeó Casa Cornelio como parte del holocausto que sufrieron las izquierdas durante la Guerra Civil. Con este panorama, no es de extrañar que algún portavoz de un grupo municipal extremista haya llamado a “la violencia del pueblo hacia los usurpadores capitalistas sin escrúpulos” y desear que mueran quienes han matado a sus vecinos con la “política de recortes”.


No esperemos que nuestros grandes adalides de la democracia, encabezados por el “delincuente con toga”, hagan la más mínima referencia a esta incitación al odio, al delito y al asesinato. Este tío se ha ido de rositas porque pertenece a la casta política y hoy en España esta gente son intocables, como ya lo fueron en los idílicos tiempos de la II República.

En Sevilla el mismo día de la proclamación de la República, 14 de abril de 1931, el Capitán General de Andalucía, General Leopoldo Saro Martín –héroe del Barranco del Lobo y victorioso en Alhucemas-, se reunió con los jefes y oficiales de la guarnición y con el Gobernador Militar, General Fernández Barreto, a las 23.00 horas. Analizaron la nueva situación creada. Tras la reunión, el general Saro comunicó a los periodistas que no iba a declarar el Estado de Guerra, y que había recibido órdenes de Alcalá Zamora de liberar a los presos políticos y sociales de la región.

Sevilla era en aquellos días domicilio de algunos de los militares más conocidos por su expreso posicionamiento republicano en la intentona de diciembre de 1930. Este es el caso del capitán Solís que fue vitoreado por una población enardecida tras conocerse la caída de la Monarquía. La muchedumbre también recordó con sus gritos al capitán Salvador Sediles Moreno, condenado a pena de muerte en el Consejo de Guerra celebrado entre los días 13 y 16 de marzo, en Jaca. 

El mismo 15 de abril, cuando aún se festejaba en las calles la caída de la Monarquía, se produjeron los primeros incidentes de gravedad en Sevilla. Los acontecimientos se iniciaron por la mañana con una concentración ante la cárcel que terminó con su asalto y la liberación de todos los presos, siendo identificados como asaltantes varios dirigentes comunistas. Los incidentes de la prisión provocaron la reunión urgente de la Junta de Delegados Gubernativos en la provincia, que publicó un Bando en el que desautorizaba los sucesos, reclamaba la vuelta de los reclusos a los penales, aunque se anunciaba la inminente revisión de sus condenas. 

Ese día también estaba previsto un mitin de la CNT en la Plaza Nueva. El acto no había sido autorizado por las autoridades. No obstante la prohibición gubernativa, la reunión se celebró aquella noche. En un momento dado, cuando dos oradores se dirigían a los convocados, subió a la tribuna el recién nombrado Jefe de las Fuerzas de Orden Público de la provincia, el teniente coronel Ildefonso Puigdengolas Ponce de León, quien ordenó a los convocados que se disolvieran. A Puigdengolas, de infausto recuerdo en Badajoz, lo habían nombrado aquella misma mañana por amiguismo, por ser masón y por llevar sin ocultarse una vida disoluta, contraria a los usos y costumbres de la época. 

Lógicamente, los anarquistas no le hicieron ni puñetero caso. La Caballería de la Guardia de Seguridad tuvo que intervenir con contundencia para sacar a su jefe del estrado, momento en el que se oyeron varios disparos entre el público. La Fuerza respondió y se produjo un tiroteo y la huida de los presentes. Muchos de los asistentes se refugiaron en el edificio de la Telefónica. Sin embargo, un grupo de manifestantes asaltó la armería de Zulategui de la calle Sierpes y se hizo con un arsenal de armas largas y su correspondiente munición. Un poco más arriba, en La Campana se produjo un nuevo choque entre anarquistas y Fuerzas de Seguridad, teniendo como resultado varios heridos más. 
 
Rápidamente se supo por toda la ciudad lo que sucedía. Los comerciantes echaron las persianas de sus establecimientos, las madres llamaron urgentemente a sus niños a recogerse en casa y las calles quedaron prácticamente desiertas. Era elprimer día de la II República y los sevillanos ya estaban atemorizados rezando por sus vidas, con los asesinos y violadores recién liberados de las cárceles campando a sus anchas por las calles.

A la una de la madrugada la ciudad estaba totalmente desierta. Fuerzas de Seguridad y Guardia Civil cacheaban a los escasos transeúntes. Sin embargo, la algarada continuaba en los alrededores del cuartel de Infantería de la Plaza del Duque; allí unos cuantos heroicos luchadores por la Democracia llegaron hasta las puertas, “dando mueras y pidiendo armas”. El capitán y el oficial que salieron a ver qué es lo que pasaba fueron recibidos a tiros. Tuvieron que repeler la agresión haciendo uso de sus armas reglamentarias. Hasta que no llegó la Guardia Civil no se pudo despejar los alrededores. Allí se pudo localizar varios heridos más. 
 
A las tres de la madrugada el Capitán General declaró el Estado de Guerra. En su cuarto y último punto decía: “Se da un plazo de tres horas para que depongan las armas y hagan entrega de ellas a los representantes de mi autoridad a los sediciosos y todos los vecinos, siendo juzgados como rebeldes en juicio sumarísimo todos aquellos a quienes se encuentre alguna.” El Estado de Guerra se retiró el día 18 de abril por el nuevo Gobernador Militar nombrado por el Gobierno Provisional de la República, General de División Miguel Cabanellas Ferrer, militar de reconocido talante republicano. Al General Saro le esperaba ser procesado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas por su actuación en el pronunciamiento de 1923. La II República no fue generosa con sus antecesores. No hubo amnistía política hasta que gobernó la derecha en el 34.

Los siguientes disturbios de gravedad en Sevilla ocurrieron dos semanas después, el 1 de mayo, fiesta del trabajo. El Cardenal Segura publicó este día una pastoral en la que criticaba abiertamente el ateísmo de la República. En un alarde de tolerancia democrática y de respeto por las opiniones y el credo de los demás, los vigorosos defensores de la Democracia, de la Justicia y de la Libertad se lanzaron a un ataque contra todo lo que oliese a católico. Las iglesias, conventos y centros de enseñanza fueron evacuados en previsión de los ataques que iban a sufrir. 

La noche del 11 al 12 de mayo se conoció en Sevilla la quema de iglesias y conventos en Madrid. Rápidamente, los muchachos se pusieron manos a la obra y decidieron que Sevilla, por ser de provincias, no iba a ser menos que Madrid. Un grupo armado de energúmenos salidos del Centro Republicano de la calle Arguijo fue increpado por un valiente que viniéndose arriba les gritó “Viva el Rey”. “El individuo, perseguido por los manifestantes, se refugió en los locales de La Unión Comercial, en la calle Sierpes, preparándose aquellos para asaltar el centro dispuestos hacer lo mismo con el diario La Unión en la calle Arjona, que mantenía una línea editorial a favor de la monarquía. 

El Gobernador Civil republicano obró de la misma manera que lo hicieron los Gobernadores Civiles del País Vasco en tiempos más recientes. Culpar de la agresión al agredido. Así, si los valerosos gudaris asesinaban a un policía o a un guardia civil, la culpa era de estos últimos, por fachas. Si secuestraban, extorsionaban o asesinaban a un empresario. La culpa era del emprendedor, por facha. Si asesinaban a un juez o a un periodista. La culpa era de ellos, por fachas. Y si ponían una bomba indiscriminada contra la población civil en el aparcamiento de un hipermercado o en la puerta de un colegio de monjas, la culpa era de todos nosotros, por fachas. Evidentemente, la visión cambió cuando empezaron a asesinar políticos defensores de la Justicia, la Democracia y la Libertad. Entonces ya no. Automáticamente pasaron de ser valerosos gudaris a alimañas terroristas.


Bueno, pues para el Gobernador Civil de Sevilla en la primavera de 1931 la forma de castigar a los agresores y de evitar el tumulto era clausurar La Unión Comercial (hoy Círculo Mercantil e Industrial), detener al valiente monárquico que estaba allí acorralado y cerrar los periódicos de igual línea editorial, La Unión y ABC. Así se garantizaba la Justicia, la Democracia y la Libertad.

Por la noche, otra manifestación organizada en Triana intentó asaltar los conventos de las Mínimas y los Paúles, sólo consiguiendo quemar algunos muebles del primero, por impedir la Guardia Civil la culminación de las pretensiones. Pero una tercera manifestación fue agredida por dos monárquicos, los hermanos Medina, en la Plaza del Duque. Éstos fueron detenidos, pero ya los manifestantes excitados intentaron incendiar las iglesias de los Jesuitas de la calle Trajano, de los Capuchinos, Salesianos, Reparadoras sin conseguirlo por la intervención de la Fuerza Pública. En cambio sí alcanzaron a incendiar parcialmente la de los Jesuitas de la Plaza de Villasís, impidiendo la intervención de los bomberos, hasta que llegó la Guardia Civil; los objetos de culto del convento de las Carmelitas fueron quemados, así como íntegramente la capilla de San José”. 

Esto es lo que recogió la prensa. Realmente hubo más incendios de templos. Muchos fueron sofocados por los propios feligreses o por los sacristanes, sin que el fuego pasase a mayores. La evacuación de las monjas de los conventos precisó de escolta militar para evitar que las agrediesen. Monjas de clausura, después de décadas ingresadas en los conventos, tuvieron que volver con sus familias y vivir escondidas en alcobas sin ser vistas por los visitantes y vecinos. 

Los colegios religiosos cerraron temporalmente sus puertas por no poder garantizar la seguridad del alumnado. Durante aquellos días, en el paraíso de los derechos que fue la II República, los niños sevillanos no pudieron ir al colegio ni ejercer su derecho a recibir la educación que sus padres habían elegido para ellos porque los luchadores por la Justicia, la Democracia y la Libertad estaban de maniobras incendiarias mientras las fuerzas mandadas por el coronel Puigdengolas jugaban al tute subastado en los cuarteles, que todo hay que decirlo.

Por segunda vez en un mes se declaró en Sevilla el Estado de Guerra. Fuerzas del Ejército comenzaron a patrullar las calles de la ciudad. Un retén de la Sanidad Militar se estableció en el Ayuntamiento; fuerzas del Regimiento de Infantería Granada ocuparon la plaza de San Marcos, el convento del Socorro y las Cocinas Económicas del Pumarejo. El Regimiento Soria tomó el control de Triana, mientras que fuerzas de Intendencia se desplazaron a Plaza de Armas, San Bartolomé y el Asilo de San Fernando. Por la tarde, el General Cabanellas recorrió la ciudad. En San Julián arengó a los obreros a los que dijo que no se podía consentir atentar contra las joyas y monumentos religiosos, fuente del turismo para la ciudad. La arenga les entró por un oído y les salió por el otro.

Precisamente, estas mismas Navidades los herederos de los muchachos de la gasolina, después de 82 años han vuelto a meterle fuego muy democráticamente a la Parroquia de Santa Marina. Recordemos; la culpa es de Franco, de la Ley del Aborto y de los recortes de Rajoy. Habría que ver qué escándalo y la campaña mediática que hubiesen montado si alguien por motivos políticos osase meterle fuego a una mezquita o a una sinagoga.


01 enero 2014

GESTAS HEROICAS



Si hay algún icono referencial a las acciones anfibias, la encontramos, sin duda alguna, en el desembarco de Normandía.

La propaganda y el cine americano le han dado una magnitud desproporcionada por lo ocurrido en el sector de Omaha. Omiten, sin embargo, muy ladinos ellos, decir que el elevado número de bajas de soldados americanos se debió, sobre todo, a que tanto la aviación como la artillería naval fracasaron en los bombardeos previos y las defensas alemanas estaban prácticamente intactas.

Pues bien, en Normandía hubo un derroche ingente de material, barcos y hombres que una vez que lograron tomar la playa y avanzar hacia el interior se inició el principio del fin para los alemanes.

En España somos más modestos y las grandes gestas se realizan sin tantas algaradas.
 
En este caso me refiero a un suceso, al iniciarse la guerra civil, que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que cambió el curso de la guerra.

Ya sabemos que la propaganda de la Memoria Histórica está haciendo creer que la sublevación militar estaba perfectamente planificada y organizada. Eso, por supuesto, es mentira. Los sublevados, en principio, prácticamente carecían de todo tanto en material, municiones e incluso hombres.

Pero los acontecimientos se encadenaron unos tras otros y si por un lado, el gobierno del Frente Popular no supo calibrar le importancia del movimiento, por otro, el asesinato de la mayor parte de la oficialidad de las grandes unidades navales de la época, otra señal evidente del genocidio que los marxistas tenían previsto, permitió que se pudiera establecer un puente aéreo entre el Protectorado y la Península y de este modo, el mismo 18 de julio pudieron llegar a Sevilla trece legionarios de la V Bandera, que mandados por el teniente Gassol, que bien pueden ser equiparados a los trece de la Fama de mi paisano Francisco Pizarro, se pusieron inmediatamente a la órdenes del general Queipo de Llano que con gran astucia los hizo circular por diferentes sectores de la ciudad haciendo creer a los marxistas que su número era mayor.

Estos trece hombres establecieron la cabeza de puente, tras hacerse con Sevilla, para que llegaran más efectivos a Jerez y Tablada.

Pero el día 25 de julio se llevó a cabo otra acción que reforzó el cambio en la historia de la guerra.

Dos faluchos, la Pituca y la Nuestra Señora del Pilar, gobernado el primero por el maquinista naval de la Marina Mercante Martín Moreno y el segundo por Mora Figueroa, ambos falangistas, zarpan de Ceuta con dirección a Tarifa transportando a su bordo a gran parte de los efectivos de la 18 Compañía de la V Bandera, que más tarde atacaría a sangre y fuego, en extrema vanguardia, el cuartel de la Bomba en Badajoz.

Durante la travesía observaron al crucero Jaime I, pero su tripulación los tomó por barcos pesqueros y no se activó el zafarrancho de combate.

La llegada de estos legionarios a Tarifa, como se ha dicho, cambió el curso de la historia porque al reagruparse en  Sevilla las dos Banderas del Tercio comenzó el principio del fin para el criminal y genocida gobierno del Frente Popular y en cierto modo se hizo verdad lo que el delincuente Garzón atribuyó al general Queipo de Llano inventándose que éste había dicho que los moros iban a enseñar a las mujeres de Utrera lo que era ser hombres.
 
En cierto modo, los soldados que formaron la columna Madrid enseñaron a los marxistas lo que era ser hombres.

Dicen que los hombres no lloran. No es cierto, ser hombre es llorar y reír, amar y en ocasiones no ser correspondido en ese amor al que se entregan sin condiciones.

Los soldados de la columna Madrid reían al entrar en combate y lloraban cuando moría un camarada y tal vez muchos de ellos ocultaban una historia de desamor que les mordía como un lobo, el corazón, y tal vez buscaran la muerte.

Pero, sobre todo, eran corazones generosos que ofrendaron sus vidas para salvar a centenares de miles de españoles de ser exterminados por el PSOE y sus pistoleros asesinos.